No se puede

capitalizar el tiempo 
digo el tiempo en general
el de la vida.
Ocho horas acá adentro
esperando dos minutos 
para poder leer algo por ahí
para ser yo.
Y cuando no hay nada
que hacer 
nada.
Me gustaría dejar el trabajo
dejarte a vos
a mi familia
y toda la porquería que no sirve para nada 
de mi departamento
y de esta ciudad
que es igual a todas
pero ahora es esta.
Me lastimaría la boca 
y me cortaría las manos
para ya no hablar 
de cómo no se puede
ser todo lo que se podría
para no escribir
sobre esto;

porque no se puede
abrir un hueco ahí
en las palabras
ahí no se puede
nada
en las palabras
nada que hacer 
con ellas

conmigo.




Una palabra tuya

bastará para sanarme

Llegó la palabra,
las palabras
y entonces reconocí
que había sanado
sola

Leo unos poemas de L. Cohen cuando puedo en el trabajo, en los brevísimos minutos que me quedan. Ayer mi jefe me descubrió cerrando rápidamente el archivo.


Ahora tiene la seguridad de que estoy haciendo algo muy malo cuando no me ve. 

Rebotó la poesía en vos

cuando te vi pasar 
en el último asiento
del trole

ud. dijo:
nunca lo sabras con certeza.

digo yo:
La gente tiene certezas. Es una cuestión muy íntima. La gente también tiene nombres, como Juan, María o Mariana...

Ayer me desperté porque descubrí cómo solucionar un problema, digamos que mecánico. Lo entendí durmiendo a las tres de la mañana. Hacía meses que no pensaba en eso, me desperté y arreglé lo que no funcionaba.

Supongo que sacaré toda la basura en un par de meses. O quizás antes, si mis sueños siguen siendo tan productivos.

no iba a funcionar
eras mi padre
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por haber sido aire
en tus huecos

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dialogo amoroso

Dije: «¿Su nombre?»
Y ella:
«Como más le guste.»
Dije: «¿Elegimos Carole?»
Y ella:
«Por el momento, acepto.»
Dije: «¿Está usted sola?»
Y ella:
«No, estoy con usted.»
Dije: «¿ Y si hacemos el amor?»
Y ella:
«Su deseo tiene todos los derechos.»
Dije: «¿Qué clase de hombres le gustan?»
Y ella:
«Croupiers, industriales, profesores de natación.»
Dije: «¿Sus preferencias?»
Y ella:
«Los hombres tristes, pero no demasiado.»
Dije: «¿Vamos a comer?»
Y ella:
«Las ostras son un buen preludio.»
Dije: «¿Lee usted libros?»
y ella:
«Sartre, Camus y Thomas Mann.»
Dije: «Tiene usted unos pechos muy bonitos.»
Y ella:
«Sí, a mí también me gustan.»
Dije: «Es usted prácticamente divina.»
Y ella:
«Tiene usted razón.»
Dije: «¿Qué le gusta que le regalen?»
Y ella:
«A lo mejor esto es gratis.»
Hicimos el amor
el lunes, el martes, el domingo
y el lunes siguiente.
Discutimos sobre Flaubert,
luego sobre Tolstói.
Dije:«Tiene usted unas rodillas inolvidables.»
Y ella:
«¿Sólo las rodillas?»
Nos cansamos el uno del otro
el mismo día, a la misma hora,
lo cual es infrecuente y virtuoso.

Alain Bosquet